Bienvenido a TOMARES Espacio Público

La ciudad es hoy el espacio de todos los encuentros y, por lo tanto, de todas las posibilidades, es el terreno de todas las contradicciones y de todos los peligros dice la Carta Europea de Salvaguarda de los Derechos Humanos en la Ciudad (Saint Denis 2001) . Es en la ciudad donde se abren las condiciones para una democracia de proximidad, es en la ciudad donde se presenta la ocasión para que todos los ciudadanos y ciudadanas participen en la definición y animación de un espacio público de calidad.

Una ciudad o un pueblo no es solamente un conjunto de casas y de calles amontonadas o dispuestas en serie sobre un espacio cualquiera, una ciudad se define en torno a un espacio público, cuyo acceso esté abierto a todos, pero ese espacio público no es tanto un lugar físico como un medio de comunicación en el que podemos encontrarnos con los otros a través de la palabra. El filósofo alemán Habermas define el espacio público como ese espacio simbólico en el que se hace y habita la opinión pública.

Con estas páginas –querido lector- que ponemos en tus manos, con este hermoso nombre de ESPACIO PÚBLICO queremos ayudar a crear ese medio de encuentro, de participación y de comunicación a través del cual podamos ir haciendo una opinión pública en Tomares, una opinión pública informada y crítica, sociable y participativa.

ESPACIO PÚBLICO cumplirá su objetivo si conseguimos que vosotros y vosotras os animéis a participar enviándonos vuestras opiniones, fotografías, críticas y colaboraciones.

Tomares no puede ser solamente una ciudad dormitorio sino que debe aspirar a tener su propia vida ciudadana, para lo cual necesita de ESPACIO PÚBLICO.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Tibet, sí pero...



Por Antonio-Claret García García.

Con motivo de la cercanía de los Juegos Olímpicos de Pekín y mientras las autoridades del país asiático participaban de la ceremonia de encendido de la antorcha olímpica, en el Tíbet se desencadenaba una ola de protestas, reclamando la independencia de dichos territorios, ocupados por China desde 1950.

En esas revueltas, que han sido aplacadas de forma contundente por los chinos, han tenido mucho protagonismo los monjes budistas que, con sus túnicas naranjas, han ocupado el primer plano de la actualidad.

En el Tíbet, un estado feudal desde tiempos históricos, la figura del Dalai Lama ocupaba una preeminencia no sólo religiosa sino también política, desde que, en el siglo XVI, los mongoles, ampliamente convertidos al budismo, dieran respaldo a los gobiernos religiosos encabezados por los lamas.

Tras los escarceos colonialistas que chinos e ingleses llevaron a cabo sobre el Tíbet, el estallido de la I Guerra Mundial hizo que esta zona del mundo dejase de tener importancia geoestratégica, por lo que el Dalai Lama aprovechó para hacerse nuevamente con el poder, hasta que la invasión china de 1950 y las fallidas revueltas de 1959 le condujeron al exilio.

Desde entonces, la cara visible del Tíbet en el extranjero, siempre ha sido la del Dalai Lama, un hombre de paz, que transmite serenidad y que se ha ganado la complicidad y la simpatía de millones de personas, que ha sido recibido por las más altas instancias gubernamentales, además de haber sido premiado y agasajado por personalidades e instituciones de todo el mundo; aunque el teórico gobierno independiente del Tíbet no haya sido reconocido oficialmente por ningún país soberano.

Son indiscutibles las bondades del actual Dalai Lama, Tenzin Gyatso, hombre carismático y jovial, que ha tendido puentes con las demás religiones y que, además del Nóbel de la Paz, ha recibido un sinfín de galardones, como la reciente Medalla del Congreso norteamericano, cuya concesión provocó las iras del gobierno chino.

Además, el Dalai Lama ha intentado dar una pátina de legitimidad democrática a su gobierno en el exilio. Por una parte, instaló la capital del mismo en Dharamsala, conocida como la Pequeña Lhasa, en la vecina India. En 1963, se promulgó una constitución democrática que se basa en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, dotando a la localidad de instituciones culturales y educativas en beneficio de los más de 130.000 refugiados que en ella viven. Igualmente, abandonó la preeminencia política tradicional para crear la figura de un Ministro-Presidente del Gabinete, que sería elegido por sufragio universal.

Y, sin embargo, cuando el Tíbet salta a la primera página de los periódicos, cada vez es más visible la presencia de los monjes budistas, tal y como pasó en Birmania, en la llamada Revolución Azafrán. En el caso del Tíbet, toda la oposición a la ocupación china está orquestada desde el régimen religioso encabezado por el Dalai Lama. El tibetano es, hoy por hoy, un régimen teocrático que hace política y que, de hecho, fomenta una concepción conservadora del poder. Por ejemplo, en la cuestión de la mujer: ¿qué lugar ocupa ésta en el régimen inspirado por los lamas?

Es oportuno recordar que hace años, occidente recibió con ilusion la oposición al siniestro régimen del Sha de Persia encabezada por otro movimiento de extracción religiosa, aplaudimos entonces el regreso del Ayatola Jomenei a Persia, llevados de la erronea idea de que todo el que está contra un dictador es nuestro amigo. Y ya sabemos la catastrofe en qué ha terminado derivando el Irán de los Ayatolás, desde el punto de las libertades básicas de los ciudadanos.

Estamos convencidos de la bondad del actual Dalai Lama y de que en China son necesarias reformas profundas en relación con los derechos humanos, pero una de las grandes conquistas de los estados liberales fue la separación de la Iglesia y el Estado. Por desgracia, de un tiempo a esta parte, estamos viendo cómo vuelven a mezclarse los asuntos terrenales con los divinos en ámbitos que deberían ser exclusivamente políticos, Es un retroceso a la edad media que debe evitarse.